cuando vuelvan a torcer las doce,
y de por hecho de que en tu lecho,
no cabe hueco para mi corazón,
no haran más que falta siete segundos,
para que llore por tu perdición,
recordare como sangraban en aquellas hipoteticas despedidas
de mi mente, las llantas de tus ojos,
y como procuraban secarse en los suelos de desconsuelo,
recordaré todo aquello que nos unio como el tópico de la típica pareja enamorada.
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