Pero yo un pobre y desolado chico, eran pocas mis opciones para conseguirla, Juan, Juan de Tenares, ese era mi nombre, por lo menos mantenía en alza mi orgullo y apreciaba las pocas opciones, teníamos respectivamente la misma edad, 19 años, y yo vivía en Barcelona y apenas tenía suficiente dinero para pagarme la universidad.
Al llegar a casa, una habitación, nada más, una silla de madera, una mesa de estudio, un armario de plástico, unas paredes y unos suelos gastados, y por último una cama que había encontrado en el contenedor.
Me estiré en la cama sucia y repose la cabeza en la almohada, atrofiada, no tarde mucho en dejar que la noche se me llevara a su dulce país de los sueños.
Me desperté, y me dirigí a la cocina, como de costumbre cogí uno de los dos cuchillos que tenía, y me unté la miel por encima de la tostada, al acabármela salí de mi casa con afán de encontrarme con mi amigo y compañero, Jorge de la Fuente, al cruzar los cuatro pasos de peatones que me separaban de su casa me lo encontré, parecía estar contento, por una razón u otra, pero lo estaba.
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